REGIMIENTO DE CAZADORES DE SEGORBE ( 1856 )

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Bandera del Batallón de Cazadores de Segorbe (1856 )

 


El Rey Don Carlos VII guardó en su Palacio veneciano de Loredán una increible colección de banderas, enseñas, guiones y estandartes que habían defendido los voluntarios de su augusto abuelo Don Carlos V en la Primera Guerra Carlista, así como otro numeroso conjunto que fueron izadas por los defensores del Ideal en la Tercera Guerra que aquél protagonizara.
Allí se conservaron con celo y cariño por parte de su legítimo propietario hasta su llorada muerte acaecida en 1909. Lo que muchos desconocen es que entre tanto lienzo heróico se hallaba una singular bandera perteneciente no a una unidad carlista, sino a una liberal, concretamente la del Batallón de Cazadores de Segorbe n° 18.


Regimiento de. Cazadores de Segorbe


Creado en 1856, recibió su bandera con el lema BATALLON DE CAZADORES DE SEGORBE/ Nº 18.
Capituló ante los carlistas en Portugalete, el 22 de enero de 1874, entregandoles su bandera.
La bandera lleva los colores nacionales, rojo y gualda, estando bordado en su centro el pabellón español, orlado con la inscripción hoy apenas legible "BATALLÓN SEGORVE".
Hoy se conserva, en precario estado, en la colección Baleztena (Pamplona) procedente del disuelto Museo Histórico Carlista.
Y ahondando sobre sobre esta bandera copio textualmente unos párrafos del libro "La Duquesa de Madrid", de Ana Sagrera, editado en Palma de Mallorca, 1969; pág 325-326.
"El 21 de enero de 1874 cae Portugalete a manos de Castor Andechaga y sus vizcainos que con singular acierto, enarbolan en su torre la Bandera de Don Carlos. La lucha había sido muy dura, rindiéndose al fin las fuerzas liberales, compuesta por tres jefes, ocho capitanes, trece tenientes y dieciseis alféreces de Infantería, un capitán de Ingenieros y dos tenientes de la misma Arma, además de numerosos soldados.
Fueron todos conducidos a Estella, por Carlos Calderón que dos años después en Montejurra iba, a su vez, a caer prisionero de los mismos cazadores de Segorbe, que le devolvieron las deferencias y buen trato que anteriormente él tuvo con ellos.
Por órden del rey el jefe de la guarnición Teniente Coronel Don Amos Quijada, debía marchar a Madrid, para tratar del canje de sus compañeros, pero antes de su partida fue invitado a almorzar por Don Carlos, quién lo recibió en Durango en el palacio de Orue donde habitaba. Extendiéndole la mano le abordó con estas palabras: "Ninguna satisfacicción iguala para mí que la de estrechar la mano de un valiente".
Durante la comida en que el prisionero estaba sentado a la izquierda del Rey (que a su derecha tenía al general Dorregaray), se debatieron distintos temas militares. En los postres Don Carlos dirigiéndose a Quijada le dijo: "Seguramente al llegar a Madrid, se canjearán sus soldados por un número igual de carlistas, y le ofrecerán a Vd. sin duda algún mando. Acéptelo. Me gusta poder tratar con valientes como Vd.
"Señor -contestó el Teniente Coronel- espero en efecto que me den mando. Yo no tengo ideas políticas, yo no soy más que un soldado. El día en que entre en Madrid, mi espada servirá al Rey".
Acabado el almuerzo pasaron al salón a tomar café, y D. Carlos dijo de nuevo a Quijada: "He mandado retirar la bandera de su Batallón, que tenía aquí, para que no le moleste el verla, creyendo que era un alarde y que la guardaba como trofeo cuando para mí, no puede ser botín de guerra una bandera que lleva mis armas y que tengo intención de devolver en Madrid al Batallón de Segorbe, en testimonio de su gloriosa defensa de Portugalete; de manera que no soy más que un depositario". Luego, estrechándole la mano prosiguió: "Adiós que nos veamos pronto en Madrid, con un ejército tan disciplinado como deseamos los dos".
Los oficiales del Segorbe, quedaron libres bajo palabra en estella, mas los habitantes del pueblo, les hacían la vida imposible, hasta que, por órden del propio Don Carlos, se publicó un bando en que se manifestaba que el rey deseaba que los prisioneros fuesen amistosamente tratados por la población".

Es interesante observar que la bandera lleva bordado el pabellón español consistente en el escudo cuartelado de Castilla y León -sobre la reglamentaria, en el Ejército liberal de la época, cruz de Borgoña- con escusón de la Casa de Borbón, Armas del Reino de Granada en punta y todo bajo Corona Real.
La bandera en cuestión representaba exactamente las armas de Don carlos y no las del Ejército que la enarboló -en 1874 el Gobierno de Madrid estaba presidido por la I República, y obviamente el escudo tampoco pertenecía a Amadeo I ya que el escusón hubiese sido sustituido por el de la Casa de Saboya posiblemente esta bandera no fue cambiada desde la caída de Isabel II- y fue por esa razón por la cuál Don Carlos manifestó "para mí no puede ser un botín de guerra una bandera que lleva mis armas".

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